miércoles, junio 12, 2013

María de Huerva 2013. Chaparrada.

Sí, lo sé, tengo el blog descuidadísimo; ni siquiera he celebrado su séptimo aniversario. El siglo XXI me tiene abducido, aunque alguno de mis proyectos modernos espero que me abra nuevas oportunidades en el XIII. Algún año de estos.

Pero eso no significa que haya abandonado nada, y, de hecho, este fin de semana he estado en el evento que abría para mí la temporada veraniega de eventos de recreación: María de Huerva, invitado por mis amigos los Feudorum Domini.

¿Veraniega? ¿He dicho veraniega? voy a intentar desarrollar adecuadamente el tema:

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verano.
   (Del lat. vulg. veranum [tempus]).
[...]
3. m. Época más calurosa del año, que en el hemisferio septentrional comprende los meses de junio, julio y agosto. En el hemisferio austral corresponde a los meses de diciembre, enero y febrero.
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A esta acepción de la RAE debo añadir que, en la península ibérica, ese calor suele estar acompañado de una completa ausencia de precipitaciones, habitualmente conocida como "la pertinaz sequía". Y, teniendo en cuenta nuestro historial de que nos llueva en todos los eventos, ese es un objetivo a buscar.

(Aparece en pantalla un cielo estrellado. Desplazamiento hacia la derecha hasta que el planeta Tierra llena la pantalla. Zoom sobre el planeta, continúa hacia Europa, hacia la península ibérica, hacia la zona norte-noreste. El zoom continúa hasta...)



Ese iconito con la 'A' señala la localidad de María de Huerva. Aunque está situada en las verdes orillas de un río, podéis ver que la zona consiste básicamente en un terreno pelao y recocido por el sol.



Lo que estáis viendo son los restos de una antigua atalaya árabe que fue posiblemente el origen de María de Huerva. Y, como se aprecia claramente en la imagen, está ubicada en mitad de lo que viene siendo básicamente un erial, un hermano pequeño del vecino desierto de los Monegros, un sitio donde "lluvia" es una palabra que hay que buscar en el diccionario para saber qué significa. Principal producción agrícola: rastrojos resecos y piedras. ¡Justo donde queremos ir a recrear! ¡Y en verano! ¿Os dais cuenta? ¡Por fin un evento sin riesgo de lluvias!

A unos diez minutos de llegar a María de Huerva, el viernes en que comenzaba el evento.

Maldita sea mi estampa, que otra vez se va a derrumbar el cielo sobre nuestras cabezas... bueno, afortunadamente, cuando llegamos allí ya no llovía, y nos pensamos si plantar o no plantar la tienda. Momento en que escuchamos la

Primera frase épica para un evento condenado:
     - No os preocupéis, esta tormenta pasará de largo

Afortunadamente, uno ya tiene tablas, y aún a riesgo de hacer un feo a la organización, en el último momento decidió no montar la tienda.


Mientras tomábamos un tentenpié con nuestro amigo Coalheart, la tormenta decidió que no, que no pasaba de largo. Que le habíamos caído bien, y que iba a estar restregándose sobre nosotros cual gato pidiendo un plato de sardinas.


Así que fue cosa de tapar con plásticos y poner (supuestamente) a salvo todos los trastos sensibles al agua del campamento. Como la madera, el lino, el metal, el... Vamos, que menos los cacharros de barro, intentamos taparlo todo.

Y a la mañana siguiente... ¡triste intento, vana porfía! ¡Que el agua había llegado hasta los últimos recovecos, y el campamento era poco más que un lodazal en el que los hierros se cubrían de óxido, las tiendas de moho, los espíritus de congoja, y las caras de desdicha!





 Y aún así, la brava soldadesca hizo de tripas corazón, y se las apañó para dejar el campamento en un pasable estado de revista antes del comienzo de las actividades del día.


Actividades que comenzaban con un desfile militar. Y que, como no podía ser de otra manera, comenzó con un sol de justicia que duró el rato justo que estuvimos con los hierros puestos. Los que llevábamos cota de malla del XIII empezamos a sobrecalentarnos, pero de alguna armadura del XIV-XV salía el inconfundible chisporroteo y agradable olorcillo recreacionista de la carne de enlatado a la plancha.

Quillo ¿estás bien? Te noto un poco pálido.

Más o menos por aquí se escuchó la


Segunda frase épica para un evento condenado:
     - Hoy ya no llueve ya.

Y, efectivamente, todo el desfile se desarrolló bajo el abrasador astro rey, que aguantó lo justo para tostarnos en la plaza mientras atendíamos a los discursos de las más principales gentes del lugar, y, por supuesto, de nuestro señor de Foces, que tuvo que enfrentarse incluso a alguna que otra insubordinación.




Y volvimos al campamento, y lo terminamos de apañar para que fuera visitable (y, oye, para poder comer allí todos juntos) Impresionante lo que se logró salvar de aquel lodazal.



¡E incluso conseguimos disimular el coche que algún despistado se había dejado aparcado en la zona del campamento, ignorando los carteles! ¡Tan bien lo hicimos, que se fue hasta Zaragoza a buscarlo al depósito de vehículos, pensando que se lo había llevado la grúa!

¿Es esto un DeLorean, camuflado para que las gentes del XIII no se den cuenta de que ha llegado un viajero del futuro?


¿Son estos dos idiotas, sin camuflar en absoluto, haciendo el tonto en grado sumo?

El tiempo nos respetó lo bastante incluso como para abrir el campamento al público, que lo flipó sobre todo con la exposición y la explicación sobre el uso del armamento.


aunque también disfrutaron del tiro con arco, de ver tejer con tablillas, del juego...


...y, por supuesto, los niños y los no tan niños se agolpaban sobre el amanuense que plasmaba sus nombres en pergamino.

Ese señorín venía a pie desde Polonia, camino de Santiago. Lo que vienen siendo 3.000 kilómetros a pata. Se acercó a pedir por favor que le escribieran su nombre en pergamino, y resultó absolutamente encantador, con su simpatía y humildad.

¡Eh! ¡Y nosostros empezamos un nuevo par de zapatos, que han avanzado bastante!


Y entonces comenzó la debacle. El juicio final. El apocrilipsis. El diluvio universal. La catástrofe última. El chocar de los mundos. ¡¡La chaparrada!!

Tercera frase épica para un evento condenado:
     - Esto no es más que una chaparrada.


Lo que quedó del campamento tras la chaparrada.

Unos pocos valientes rescataron los hierros, ya en franco proceso de oxidación terminal (no me gustaría ser yo el que tenga que limpiar todo eso, como decían en aquella película), y siguieron con las explicaciones para el público que se animó a volver después de aquella maldición de los dioses. Otros, nos retiramos a cambiar el lino y el cuero ya empapados por ropas modernas, más cómodas para retomar (otra vez) el proceso de limpieza del campamento.

Disponer de un lugar moderno y seco para descanso y pernocta es ya casi obligatorio en estos eventos. Por la cuenta que nos trae.

Proceso que duró poco, porque ¿adivináis? ¡Sí, se puso a llover otra vez! Así que acabamos cenando a cubierto.


Y, después de poner a salvo todo lo que quedaba en el campamento en un tiempo record gracias a una eficiente cadena humana, acabamos aprovechando una pausa nocturna de los elementos desencadenados para hacer lo que sólo puedo denominar como un "botellón medieval".


¡Pero aún así, lleno de lírica!



El domingo, por fin, amaneció... ¡pues cómo iba a amanecer! ¡Pues lloviendo! Y esta vez, con pinta no de chubasco, sino de poder seguir lloviendo durante horas, y horas, y horas.


Vamos, lo que viene siendo el momento de recoger e irse, maldiciendo al clima que, una vez más, se muestra adverso. Porque, vamos a ver: para mí que salimos echados por la lluvia de uno de cada dos eventos ¡Esto no es serio!

Bueno, concentrémonos en las lecciones aprendidas...



y, por supuesto, disfrutemos de las fotos del evento.




viernes, marzo 22, 2013

Zurrones mercenarios

Hace un siglo, ya publiqué por aquí cómo hacer un zurrón de lo más cantiguero.


Y como es algo bastante sencillo de fabricar, y siguiendo la racha de dejarme llevar por mi alma mercenaria, ¿qué podía decir, cuando se pusieron en contacto conmigo para encargarme uno?

Ya lo conté todo en detalle la vez anterior, así que la entrada será breve. Materiales a elección del cliente: lino y cuerda de esparto.

Utilizando hilo de bramante, coses un tubo de lino con una costura doble que luego quedará en el interior, y en uno de los extremos, y preparas un ojal bien reforzado, que es por donde pasará la cuerda del cierre del zurrón.


Fíjate que he hecho un nudo en mitad de la cuerda, dejando una lazada abierta, y la he cosido junto al ojal para que no se mueva. Los dos cabos de la cuerda rodearán el tubo y atravesarán el lazo y el ojal, formando así el cierre corredizo del zurrón.

Jo, no lo he entendido ni yo.

A ver si lo vez más claro en esta foto, con la boca del zurrón ya cosida, rodeando la cuerda.

El dobladillo por el que va la cuerda va a aguantar el peso del zurrón, así que también lo hice con doble costura. Y lo dejé un poco ancho, más que nada para que sea factible cambiar la cuerda cuando se rompa sin deshacer del todo el zurrón (no me da mucha confianza a mí la cuerda de esparto, es tan... biodegradable)

Al otro extremo le haces un dobladillo normal para que no se deshilache.


Y le atas los cabos de la cuerda con un par de nudos. La longitud correcta de cuerda que debes dejar viene a ser la justa para que quede estirada junto a la tela del zurrón.


Si te fijas en la imagen de arriba, he dado unas cuantas puntadas para dejar fijada esta vuelta de cuerda a la tela del zurrón. En realidad, no es estrictamente necesario, pero evitará que la cuerda se deslice, y te veas en ese embarazoso momento en el que el contenido del zurrón que llevas al hombro se desparrama por el suelo tras cualquier movimiento brusco.

Unas cuantas vueltas más, un par de nudos, y listo.


¿Será posible, que ni siquiera me molesté en sacarle una foto terminado entero?

Bueno, a cambio tendré que contaros un cuento. Un cuento de zurrones.


(Carallu con los cuentos tradicionales, oiga)